LA HISTORIA Y LA AI. 

Los precursores de la Al

Así como la Al tiene antecedentes en la ficción y la fantasía, a lo largo de la historia ha habido artefactos-juguetes muy elaborados, autómatas, etc.-que, aunque totalmente ininteligentes, apuntan, metafóricamente, la posibilidad de máquinas inteligentes. Por eso, la historia de la mecánica está plagada de artilugios que han querido crear la ilusión de vivacidad e inteligencia.

En todas las épocas se han construido cacharros que han simulado a las criaturas vivientes. Por ejemplo, en las antiguas culturas griega, etíope y china- se construyeron estatuas y otras figuras, movidas por vapor o cascadas de agua, capaces de seguir determinadas secuencias de movimientos. El poeta griego Píndaro señala las figuras animadas que adornaban las vías públicas y que parecían “respirar en piedra, o mover sus pies de mármol” (Oda Olímpica, 520 AC). Se dice que Dédalo, arquitecto ateniense, vio estatuas hechas de mercurio andando frente al Laberinto de Creta que él había construido. Y según el arquitecto latino Vitruvio, Teseo-el héroe ateniense que guardaba el Laberinto de Creta-descubrió en el siglo III varias leyes neumáticas y “diseñó métodos para elevar el agua y desarrollar aparatos y divertimentos de muchas clases…mirlos que cantaban mediante artificios hidráulicos y figuras móviles de bebedores…”. A menudo la gente llana llegó a creer que los ingenios estaban animados realmente o que se movían por la gracia de los dioses, pero también hubo escépticos: Celso, por ejemplo, escribía mordaz en el siglo I sobre magia y animales “que sin existencia real daban la apariencia de vida”.

En el siglo IV una estatua dorada de Buda iba montada sobre un carro cuidado por modelos animados de monjes taoístas. Al moverse el carruaje los monjes se movían alrededor del Buda saludándole y algunos de ellos quemándole incienso e incensándole con un incensario. En el siglo VII se construyeron barcos con figuras animadas. Y en el siglo XVIII los anales chinos describen la figura mecánica de un monje que extendía la mano diciendo ilimosnal ilimosnal, y metía las monedas en una bolsa En el año 790 de la Era Cristiana se construyó en China una nutria de madera que se decía podía pescar peces, y en el 890 un gato de madera capaz de cazar ratas y moscas.

Se dice que Alberto Magno (1204-1272) se fabricó un criado animado de tamaño natural. En otra versión de esta historia se cuenta que Tomás de Aquino se encontró en la calle con el autómata y lo destruyó, pues creía que era obra del diablo. La criatura-hecha de metal, madera, cristal, cera y piel-podía hablar y abrir la puerta a los visitantes. Roger Bacon(1214-1294) hizo una cabeza parlante para escándalo de los devotos. Leonardo da Vinci (1452-1519) construyó un león automático que se acercaba al rey, se abría el pecho con una de sus garras y señalaba la flor de lis del escudo de armas de Francia. Y en el siglo XVII René Descartes construyó un autómata que un capitán arrojó de su barco lleno de temor supersticioso. En el siglo XVIII aparecieron tocadores de flauta y máquinas parlantes. Goethe observa: “La máquina parlante de Kempelen no es muy locuaz, pero pronuncia maravillosamente algunas frases infantiles”.

En Suiza, en el siglo XVIII, varios artesanos -como Pierre y Henri-Louis Jaquet Droz inventó un autómata que podía escribir, dibujar y tocar instrumentos musicales. Por ejemplo, Scribe, una figura de niño elegantemente vestido que apareció en 1770, podía tomar una pluma de ave, mojarla en un tintero y escribir en una hoja de papel. Este extraordinario efecto se conseguía mediante una serie de levas movidas por resortes. Similarmente, otro autómata, el Draughtsman, podía hacer cuatro dibujos, uno de los cuales era un retrato de Luis XV. Mientras se movían las levas, el autómata se valía de un fuelle para soplar sobre el papel en que iba a dibujar para limpiarlo de polvo. La Músico, otro autómata de ágiles dedos, generoso pecho y ojos brillantes, tocaba un órgano miniatura. El calígrafo (scribe), el dibujante (draughtsman) y la música (musician) pueden verse actualmente en el Musée d’Art et d’Historie (Museo de Arte e Historia) en Neuchâtel, Suiza.

En el siglo XIX apareció una gran variedad de máquinas parlantes. Por ejemplo: Euphonia, un turco barbudo exhibido en el Salón Egipcio de Picadilly (Londres). La máquina podía preguntar y responder preguntas, reír, susurrar y cantar. Su boca articulada tenía lengua flexible y paladar de caucho. En el XIX también aparecieron autómatas capaces de jugar partidas de algunos juegos de salón. Antes de la Primera Guerra Mundial el científico español Leonardo Torres Quevedo, Presidente de la Real Academia de Ciencias de Madrid, construyó un autómata electromagnético capaz de dar mate en cualquier posición al rey negro con el rey y la torre blanca. Esta relativamente simple jugada de mate fue considerada en su época como una inteligente realización de mecánica clásica. Una base metálica hacía contacto con las casillas del tablero a fin de pasar información al autómata mediante los correspondientes contactos eléctricos de la posición del rey negro. Posteriormente, Quevedo presentó en el Congreso de Cibernética de París de 1951 su Jugador Automático de Ajedrez. Norbert Wiener, famoso matemático y especialista en cibernética, fue vencido por la máquina. Medio en broma, medio en serio se dijo que aquella había sido la última victoria de la mecánica clásica sobre la moderna cibernética.