
En relación con la prestación de servicios afines, muchos equipos han desarrollado unidades de negocio paralelas a través de la cual vuelcan el know how adquirido durante años en la escena de los esports y el gaming en general, para vender estos servicios como prestaciones a terceros ajenos al ámbito. En general, estas agencias especializadas reúnen los elementos de una agencia de marketing tradicional, pero orientada específicamente al mundo gamer. En este sentido, es un nuevo campo de exploración y de aplicación de experiencia y conocimientos, que viene también de la mano de la espectacularización de los esports en general, y lo que se ha denominado el marketing con “influgamers”.
Finalmente, también se ha observado desde hace un tiempo, la invitación a la comunidad a ser parte del equipo como “socio” o “socio fundador”, apoyando económicamente al mismo a través de una cuota mensual, a cambio de participación en eventos especiales, kits de mercancía del equipo, descuentos en la tienda de vestimenta oficial, etc.
La desaparición, absorción por grupos empresarios y caída de grandes equipos de esports, que no han encontrado el camino a la sustentabilidad (ya sea por carencia de profesionalismo o por incapacidad de adaptarse al mercado, entre otros motivos), dio lugar a que aparezca, como un factor para minimizar el riesgo y permitir a los equipos apostar a largo plazo en sus proyectos de desarrollo, la existencia de ligas franquiciadas, en las que el ecosistema se nutre entre sí de manera más estable y profunda.
En cuanto a las ligas cerradas o franquiciadas, el panorama se presenta distinto: los equipos integran la liga de manera esencial a esta y no hay posibilidad de ascenso ni descenso. Un equipo puede perder su plaza solo si incumple con las condiciones que requiere, conforme la normativa interna, el permanecer dentro de la competencia.
Este modelo de ligas aparece como la primera respuesta por parte del sistema en la lucha por su subsistencia: podemos nombrar como antecedentes las grandes ligas regionales de League of Legends. Tanto la League of Legends Pro League (LPL China), el League of Legends European Championship (LEC Europa), el League of Legends Championship Korea(LCK Corea) y la League Championship Series (LCS Estados Unidos de América y Canadá), optaron por dejar de lado sus clasificatorios y sistema de ascensos y descensos (que se denominaban Challenger Series),adoptando modelos franquiciados.
Tal como lo dejamos entrever en el apartado anterior, las ligas cerradas promueven la existencia de acuerdos a largo plazo y posibilitan la existencia de proyectos a futuro, sin sentenciar a un equipo a la tragedia de que un buen o mal campeonato defina su subsistencia. Sin perjuicio de esto, la primera observación entre los detractores de las ligas cerradas, es que estas limitan la competitividad, al “dar por sentado” que un equipo va a seguir siendo parte de la liga independientemente de su desempeño deportivo. En cuanto a este punto, la realidad nos demuestra que los equipos pertenecientes a ligas franquiciadas, siguen creciendo y desarrollándose competitivamente, y que el hecho de tener un “lugar seguro” dentro de la competencia, no ha mermado su perfeccionamiento y deseo de obtener resultados deportivos favorables. En este punto también cabe aclarar que cuando, por ejemplo, Riot Games decidió competir con DOTA 2 para ganarse el espacio de MOBA más importante de la escena, apostó por realizar ligas franquiciadas, para darle más estabilidad y sustentabilidad al ecosistema.
Cabe aclarar también que en los modelos generales de ligas cerradas, la relación jurídica entre los equipos y la liga es muchísimo más estrecha que entre las ligas abiertas y el publisher (o el organizador), dado que mientras que en la segunda solo es un acuerdo de formas y métodos de participación, cesión de imagen, condiciones y premios; en la primera se avanza hacia un modelo de negocio compartido, en el que las ganancias generales de patrocinios de la liga se reparten también con sus integrantes, y con esto se genera una motivación genuina en el compromiso de los equipos hacia el crecimiento de la competencia, tanto a nivel deportivo como a nivel contenidos y transmisión, porque de alguna forma, todos ganan (aunque no ganen). Con todo esto, es dable mencionar que el paradigma de que “juguemos todos” en las ligas abiertas, no es tal cuando se lleva a una realidad que demanda altísima inversión y carece de estabilidad, y, en muchos casos, también de retorno, y que de alguna forma las ligas franquiciadas terminan generando un espacio más sustentable de crecimiento, pudiendo alentarse igualmente el desarrollo competitivo con la debida regulación interna y seguimiento del proyecto deportivo de cada equipo. Es decir, una liga bien podría exigir determinada responsabilidad deportiva por parte de sus integrantes, que no esté ligada a un resultado en un torneo específico, sino a un desenvolvimiento general de su historial competitivo, de la solidez de su proyecto y demás condiciones que son posibles de medir, más allá de la victoria, la derrota o la posición en la tabla.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
