
Ligas abiertas: ¿todos podemos participar…todos podemos participar?
Las ligas abiertas responden al modelo más tradicional de competición, en la que los equipos se inscriben o son invitados a participar (de acuerdo con si responden a un modelo de apertura total al público, o si optan por seleccionar a los participantes mediante invitación), y no comparten con la organizadora del torneo, ningún tipo de ganancia, patrocinio o contrato comercial, más allá del hecho de prestar su imagen y trabajar de manera conjunta el desarrollo de contenidos específicos para darle fuerza a la liga. En las ligas abiertas, cualquier equipo que cumpla las condiciones requeridas por la organización puede participar. En este tipo de ligas, se suelen incorporar sistemas de ascenso y descenso para lograr un espacio una vez que termina el período de competencias, para alternar en ligas nacionales, regionales y mundiales. Del mismo modo, el ingreso a las ligas nacionales también puede darse por este mismo sistema de ascenso, a través de la realización de torneos previos clasificatorios, de los que surgirá el retador de aquellos que hubieran quedado últimos en tabla en el campeonato anterior, y que deban defender su espacio.
Cabe aclarar que una liga abierta y oficial, tendrá también una serie de requisitos rígidos para que los equipos que se postulan cumplan (tal como lo vimos en el punto en el que desarrollamos “ligas oficiales”), resultando complejo en muchos casos el sostenimiento de estructuras de estas características, sin la posibilidad de asegurar permanencia en el tiempo dentro de la competencia, en tanto esta se encuentra ligada exclusivamente al rendimiento deportivo.
Como ventajas de las ligas abiertas, podemos mencionar que, en un mundo ideal, solo se regiría por la capacidad competitiva y, por ende, favorecería el crecimiento del nivel de ese esport en la región, toda vez que el sistema abierto de ascensos y descensos es el premio directo al buen resultado deportivo.
Sin embargo, y dándole un toque más de realismo a todo el cuadro, el costo que requiere el mantenimiento de un equipo, la fluctuación de los acuerdos de patrocinio y la dependencia estricta del resultado competitivo para generar buenos números en redes sociales para el equipo, que resulten lo suficientemente atractivos ante las marcas, genera dificultades en el crecimiento a largo plazo de este tipo de ligas, dado que los equipos se plantean la reconversión que podría existir teniendo en cuenta el gasto y el riesgo, al margen también de la dificultad de optar por procesos de crecimiento y desarrollo de jugadores en el largo plazo. El semillero de nuevos jugadores quedaría reservado casi exclusivamente al desarrollo de “Academias”, que son cada vez menos sostenibles económicamente. Podernos agregar también el hecho de que hoy por hoy, el plantel de equipos de esports tiene entre sus filas, a grupos empresarios/figuras públicas internacionales/equipos de deportes tradicionales, que asumen la creación de los equipos como un área dentro de la empresa y, por ende, carecen del riesgo habitual con el que corre un equipo cuya naturaleza está limitada, al menos inicialmente, a ser tan solo eso: un equipo, y que tiene bajo su ala la necesidad de ser exitoso competitivamente y sostenible financieramente, en un plazo mucho menor que el que habitualmente se tiene en ponderación para que un emprendimiento empiece a ser sustentable y a generar sus propias ganancias. Así las cosas, un equipo que se encuentra participando en una Liga Abierta siempre debe priorizar el resultado deportivo porque está directamente conectado a su permanencia en la competencia, y esto implica muchas veces la imposibilidad o dificultad al menos, en apostar en proyectos a largo plazo, socavando de alguna forma lo que sería un ciclo de crecimiento genuino para la región.
Por otra parte, al no existir regulación general alguna respecto de los honorarios que deban percibir los jugadores (ni en mínimo ni en máximo), la competencia a la hora de buscar jugadores, sea algo compleja para quienes no encuentran fuentes de financiación lo suficientemente atractivas para los prospectos más ganadores. Cabe aclarar que algunas ligas oficiales sí poseen entre su normativa interna, un concepto de pagos mínimos y máximos que debe percibir un jugador de un equipo que integre dicha competencia, pero en los casos no regulados, el cielo es el límite. En este punto tan complejo de subsistencia, existen normalmente tres formas de sostener al equipo como modelo de negocios en este contexto: creación de contenido, prestación de servicios afines pero ajenos a lo deportivo y generación de ingresos al estilo de club de socios. Respecto del primer punto, se fortalece la idea de la creación de contenido como acción conjunta indiscutiblemente necesaria para generar espacios de interés para los patrocinadores, hacer crecer la comunidad alrededor del equipo (y no solo de los jugadores) y mantener métricas aceptables con una ligera independencia deI resultado deportivo.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
