
Los años cuarenta fueron testigos también de la aparición de ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Calculator: Integrador y Calculador Numérico Electrónico) diseñado con 18.000 válvulas termoiónicas y dedicado a la computación de tablas balísticas de cañones y misiles. ENIAC pesaba 30 toneladas y ocupaba una habitación de 18,28 por 7,62metros. Aun así, este ordenador era bastante menos potente que cualquier microordenador doméstico de la década de los ochenta. En 1945, John von Neumann comenzó el diseño de EDVAC (Electronic Discrete Variable Automatic Computer) Ordenador Electrónico Automático de Variable Discreta. Por primera vez se incluía en el proyecto del diseño de un ordenador digital electrónico el concepto de control por programa almacenado. Von Neumann contribuyó a caldear el debate de la Al al introducir el concepto de sistema informático autor reproductible. En esta misma dirección, en 1948, Norbert Wiener avanzaba una idea de gran trascendencia: la nueva ciencia Cibernética era igualmente aplicable tanto a los sistemas biológicos autogobernados como a los artificiales. Se habían sentado las bases para analizar determinado tipo de sistema informático desde la perspectiva de la sicología y el comportamiento animal.
La segunda generación de ordenadores, basada en el transistor como sustituto de la válvula termoiónica de cristal, apareció en los años cincuenta. En esta década se comercializó el Mark ly el Mercury, ambos de Ferranti, también el Lyons Electronic Office (LEO). Esta tecnología dominó igualmente durante la década de los sesenta. A principios de los setenta, con el advenimiento de las técnicas de miniaturización electrónica la implantación de miles de transistores en una minúscula plaqueta de silicio (chip)- era claramente previsible que las electrónicas serían cada vez menos voluminosas, pero más potentes. Con la miniaturización surgieron los ordenadores de tercera generación, que dieron paso al aumentar los niveles de integración y surgir nuevos lenguajes de programación, a las máquinas de cuarta generación en los años ochenta. A principios de los ochenta fraguaron también los planes para el desarrollo de los superordenadores de la quinta generación (ver Simons, Los Ordenadores de la Quinta Generación, otro título de esta colección) donde la Inteligencia Artificial jugará un papel fundamental.
Alan Turing contribuyó notablemente a la aparición de la inteligencia artificial. En 1937 publicó una ponencia sobre “números computables” donde expuso por primera vez el concepto de la “máquina universal de Turing”. En él expone que la máquina puede desarrollar cualquier procedimiento matemático siempre que se le proporcione una tabla adecuada de instrucciones (el equivalente de un moderno programa de ordenador). El inteligente modelo presentado por Turing era tan universal que permitió la descripción de todos los ordenadores que surgieron en las décadas posteriores. La ponencia sobre los “números computables” es reconocida actualmente como uno de los hitos en la historia de la informática. Pero esto sólo era el comienzo. Después de trabajar durante la segunda guerra mundial en el descifrado de codificaciones secretas en Bletchley Park, Turing marchó al National Physical Laboratory, en Teddington, para contribuir en el diseño de la “Máquina Automática de Computación” (ACE: Automatic Computing Engine). Sin embargo, problemas administrativos retrasaron el proyecto y Turing volvió a Cambridge en 1974 para tener un año sabático (año de excedencia con sueldo). En esta universidad desarrolló sus ideas de que el sistema ACE podría modelar las funciones del cerebro humano y escribió un informe sorprendentemente profético sobre inteligencia artificial. En este papel, “Maquinaria de Computación e Inteligencia”. Turing abordó directamente la cuestión de si las máquinas eran capaces de pensar, y observó:
…”Creo que al final de este siglo nuestras ideas y opiniones habrán evolucionado lo suficiente como para poder hablar sin rubor de máquinas pensantes”.
Comienza su ponencia hablando de lo que él llama “el juego la imitación”, actualmente denominado Test de Turing. En esta prueba, el examinador está separado del examinado (persona o máquina) y la comunicación entre ambos se efectúa a través de un teletipo. La idea es que si el ser humano no puede distinguir en el curso del examen si las respuestas las da otro ser humano no puede distinguir en el curso del examen si las respuestas las da otro ser humano o artefacto, la máquina–si en realidad es una máquina la que da las respuestas- puede ser calificada de inteligente. Turing era muy consciente de que mucha gente iba a considerar absurdo clasificar a una máquina como inteligente. Por tanto, trató de anticiparse y responder a algunas de las posibles objeciones (ver en este capítulo el párrafo de Mitos y Objeciones). Turing y David Champernowne (que posteriormente trabajó en métodos de composición musical por ordenador) escribieron el primer programa de partida de ajedrez por ordenador: Turochamp. Las dificultades administrativas afrontadas por Alan Turing afectaron también a Donald Michie en Ediburgo y a otros investigadores en inteligencia artificial. En el informe de 1973 de Sir James Lighthill, en Gran Bretaña, se decía que los trabajos de investigación en Al eran infructuosos y no merecían la asignación de dinero gubernamental. La investigación inglesa en Al recibió con este informe un tremendo golpe del que aún no se ha recuperado. En 1983/84, con la distribución de los fondos del Comité Alvey se intentó remediar la situación. Más presciencia (intuición del futuro) sobre el potencial de la inteligencia sintética mostraron otros países occidentales -sobre todo los Estados Unidos y Japón-durante la década de los setenta.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
