
En la facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires se celebró con un acto académico la aparición de los primeros tomos de las Obras Completas de Raúl Prebisch. Hubo presentaciones de tres hombres públicos, Portnoy, García Vázquez y Ferrer, que fueron discípulos suyos. La del último fue particularmente vigorosa. Todos coincidieron en la necesidad de atender de nuevo las voces del maestro, frescas porque son las de un clásico. La trayectoria de Prebisch es expresiva de los avatares del país. En 1918, a los 17 años, ingresó en la Facultad. Pronto se hizo rebelde ante la enseñanza deficiente y, consiguientemente, dirigente estudiantil reformista. Su inteligencia llamó la atención del profesor Eleodoro Lobos quien, durante la administración de Alvear, en 1922, lo hizo enviar a Australia para que estudiara un régimen fiscal basado en el impuesto a la renta, algo desconocido entonces aquí. Otros dos estudiantes distinguidos de los últimos años fueron para lo mismo a Europa y Estados Unidos. Un hecho ciertamente original.
En las postrimerías del gobierno de Uriburu, Prebisch convenció al general de reparar el desastre financiero de su gestión mediante una reforma impositiva. Uriburu de quien el economista dice que era “bonachón, simple, buena persona” pero manipulado por políticos que querían la dictadura, le preguntó: “¿Y qué van a decir mis amigos del Círculo de Armas?” Un segundo episodio típico de la evolución de este hombre es la política económica de la década de 1930. El grupo de jóvenes que lideraba aprovechó la crisis que sucedió al crack de 1929 para institucionalizar cambios profundos: el Banco Central, el control de las importaciones, el Instituto Movilizador. Durante el gobierno de Justo la dirigencia político económica, todavía asustada por la crisis, los dejó hacer. El propósito de ellos era la industrialización del país, empezando por una política de substitución de importaciones.
En 1943 lo sacaron del Banco Central. Los coroneles del GOU estuvieron influidos en esto por el ultramontano padre Melville que no se cansaba de denunciar maniobras desde allí. El zar económico del primer tiempo de Perón fue ¿quién no lo recuerda? Miguel Miranda, un hombre cuyo ascenso fue una buena ilustración de la ley de Gresham (la moneda menos valiosa desplaza siempre en el circulante a la que vale más). Era, dice Prebisch, “completamente ignorante” y no quería saber nada con universitarios. El tuvo que dejar también la Universidad, que era su vocación. Se lo llevaron los mejicanos para que les organizara su Banco Central. Un tercer episodio argentino es de 1956. Lo había llamado el general Lonardi para que redactara un Informe para la reconstrucción de la economía. Años después, Prebisch hizo su autocrítica. Reconoció errores psicológicos y políticos. Alejado del país durante años, no había captado, por ejemplo, que debía enfatizar su convicción industrialista (no darla por supuesta en la opinión pública). Pero también había tenido errores de fondo, porque su plan hacía recaer el costo de la acumulación de capital para la reactivación en la masa de los trabajadores. Ello, a pesar de su pertenencia de siempre al pensamiento socialista. O como en Japón, donde se aumentan los salarios según productividad y se pagan esos aumentos en bonos de participación en las ganancias de las empresas.
De ese episodio, en el que fue lapidado desde algunos diarios (recuerdo “La Prensa” aún confiscada y “El Lider”) y la oposición política, quedaron sin embargo simientes. Por ejemplo, el grueso de las instituciones de investigación científica y técnica como el CONICET, el INTA y el INTI y la gran Universidad del período 1956-66, fruto de sus recomendaciones para la modernización y el cambio. El “desarrollismo” de Frondizi Frigerio fue en gran parte aplicación de sus ideas del Informe y de las que después fue divulgando desde la Comisión Económica para América Latina. En la CEPAL está la almendra intelectual de la trayectoria de Prebisch. Desde allí irradió un pensamiento abarcador de la situación y los problemas del subcontinente que influyó vigorosamente sobre dos generaciones de intelectuales y hombres públicos. ¿Cuáles eran los rasgos principales de la doctrina para la industrialización de América latina? Partiendo del punto central de una construcción histórica basada en el esquema centro periferia y una categoría fundamental, las estructuras productivas, la Cepal analizó la situación de nuestros países y estudió las características de su proceso de industrialización substitutiva: el desequilibrio externo, el desempleo de la fuerza de trabajo y el deterioro de los términos del intercambio. Planteaba la industrialización como la única forma de superar los problemas estructurales de la periferia. Una enorme cantidad de trabajos fue dando con el tiempo consistencia a una verdadera ideología del desarrollo de la periferia. El cuerpo teórico cepalino se fue haciendo en el andar de los años, a medida que se avanzaba en el conocimiento de los problemas.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
