
Los videojuegos son un área de crecimiento económico que está rápidamente superando las cifras de ingresos de las demás formas de intercambio audiovisual. Nuevos medios, la categoría bajo la cual la UJNCTAD (2010) recoge información sobre exportación e importación de videojuegos, triplicó sus ingresos de 8 a 27 miles de millones de dólares entre 2002 y 2008. Los juegos de tipo social o casual están incrementando su generación de ingresos, y países con un bajo consume de consolas de videojuegos se han convertido en un mercado creciente para ellos. En el caso específico de los juegos para dispositivos móviles, el mercado de América Latina es apenas una fracción inferior al 5 por ciento de los ingresos globales por este rubro, aunque concentran mayor número de jugadores de videojuegos que Estados Unidos y Canadá juntos. Por lo tanto, el potencial de los videojuegos dentro de estos bordes geo lingüísticos o regionales, plantea la región como un buen escenario de estudio. La pregunta se traslada entonces hacia América Latina y la estrategia para dichos productos sería, principalmente, sacar provecho de aquellas características que puedan considerarse universales al mercado destino y de este modo sobreponerse al descuento cultural basado en las diferencias. Nuestra capacidad de otorgar sentido y, así, disfrutar un texto, no importa su forma, sea esta visual, escrita, audiovisual, o interactiva, depende en gran medida de las relaciones que logre establecer el usuario final o audiencia entre el texto y otras unidades de significado. Sanders (2006) lo explica usando el Ulises de James Joyce como ejemplo, al plantear que, a través de la lectura intertextual del libro, el lector viaja por los reinos de Homero, Dante y Shakespeare, haciendo tos de interrelación que conectan una variedad de textos generan significa acuerdo con el contexto, ya que los significados son, en esencia. Este es el reto en el momento de emprender una relectura del fenómeno de los videojuegos en nuevo contexto culturales.
Tecnologías digitales de comunicación y prácticas de mediación cultural en el Chile contemporáneo
El desarrollo y la masificación de una serie de tecnologías digitales, especialmente en el caso de Internet a nivel local y global, son procesos que plantean cambios y continuidades en la formación de distintas economías y culturas al alero de estas tecnologías. En la industria cultural entendida como aquella que vende y administra un tipo particular de trabajo como es la “creatividad simbólica” estos cambios han hecho borrosas las distinciones entre “productor”, “audiencia” y “consumidor” como agentes centrales en la producción, recepción y consumo de bienes simbólicos. Las prácticas de consumo mediadas por una serie de tecnologías digitales han dado inicio a una creciente literatura que explora el papel que tienen los consumidores como mediadores entre la producción y el consumo. Tanto en áreas como los medios de comunicación, la música, el cine y la moda, estos consumidores operarían como “intermediadores culturales” y “consumidores expertos” de los bienes de la industria cultural. Por un lado, tienen un rol clave en la reproducción de economías de consumo, operando en la intersección entre economías y culturas locales y globales como “formadores del gusto e inculcadores de disposiciones valor a bienes y servicios, produciendo mercados a través de la cualifica web, blogs y otros espacios digitales. El objetivo de este artículo es ayudar a pensar como las personas al des técnicas y culturales para crear, circular y consumir diversos flujos de información; además de comotizarlos como bienes de consumo. Se propone una discusión conceptual para abordar el estudio de las mediaciones y cualificaciones que despliegan los consumidores a través de espacios digitales como blogs, sitios web y medios sociales online, en el creciente debate sobre la producción y reproducción de mercados en distintas áreas de la industria cultural. Tomando como caso de estudio las prácticas de un grupo de fans de la música independiente en Santiago de Chile, se analiza el papel que tienen estos consumidores como intermediarios entre la producción y consumo de bienes materiales y simbólicos, así como agentes clave en la producción de mercados.
Con el fin de plantear un marco conceptual para estudiar la relación entre comunicación, cultura y economía en la era digital, este artículo se estructura de la siguiente manera. En la primera parte se discuten los procesos a través de los cuáles los consumidores al relacionarse con diversas tecnologías digitales pueden operar como “intermediadores culturales “de los bienes que se producen en la industria cultural. De esta forma, los consumidores se convierten en actores clave para la reproducción de las economías de consumo y la existencia de mercados en torno a los bienes producidos en la industria cultural. En la última parte, se propone el concepto de “capital digital”, una experticia técnica en el uso de tecnologías digitales (Internet y medios sociales online) y cultural, a través de la mediación de tecnologías y flujos de información. Así, los actores construyen redes de posicionamiento en espacios digitales que les permiten conectarse con otros campos de producción cultural como el mundo de la publicidad y el marketing. En este proceso, el capital digital es convertido en capital económico. Este trabajo tiene como objetivo comprender las experiencias y prácticas de mediación cultural entendidas como la asignación de significados y valores a flujos culturales que se transforman y circulan como bienes de consumo en mercados y el papel que juegan las tecnologías digitales de comunicación en el Chile contemporáneo. Para ello se toman como caso de estudio las prácticas de un grupo de 12 fans de la música independiente que desarrollan sitios web sobre la producción cultural de la escena musical local y global.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
