
En el mejor de todos los mundos posibles, al menos para un proyectista, podríamos incluso esperar combinar los dos grupos de ventajas descritas que derivan de confeccionar un sistema adaptable a unos objetivos, a un medio externo y a un medio interno. Podríamos esperar ser capaces de caracterizar las propiedades primordiales del sistema y su comportamiento sin elaborar el detalle de los medios externos ni internos. Podríamos tender a una ciencia de lo artificial que dependiera de la relativa simplicidad de la interfaz como su fuente principal de abstracción y generalidad.
Consideremos el diseño de un aparato físico que deba servir como contador. Si queremos que dicho aparato pueda contar hasta mil, por ejemplo, tiene que poder adoptar, como mínimo, cada uno de los mil estados, mantenerse en un estado dado y pasar de un estado al «siguiente». Existen docenas de diferentes medios internos que podrían utilizarse (y se han utilizado) para un aparato de este tipo. Una rueda con una muesca a cada veinte minutos de arco, provista de una pieza dentada giratoria que se agarrarse a ella, solucionaría el caso. Lo mismo ocurriría con una sucesión de diez conmutadores eléctricos, conectados de forma que representas en números binarios. En lugar de conmutadores, en la actualidad es probable se utilizarán mejores transistores o cualquier otro artilugio de tipo sólido.
El contador estaría impulsado por un tipo cualquiera de vibración, mecánica o eléctrica según el caso, que actuaría desde el medio externo. Sin embargo, con la construcción de un conector apropiado entre los dos medios, el carácter físico de la pulsación interior podría hacerse independiente del carácter físico de la pulsación exterior: el contador podría contar algo.
La descripción de un artificio atendiendo a su organización y funcionamiento su contacto entre los medios interno y externo constituye uno de los principales objetivos de la actividad de inventar y diseñar. Los ingenieros considerarán familiar el léxico de la siguiente demanda, transcrita de una patente de 1919 y procedente de un controlador de un motor rectificado:
«Lo que reclamo como cosa nueva y quiero proteger con la patente es lo siguiente:
En un control de motor, en combinación, los medios inversores, los medios normalmente efectivos, reductores del campo, y los medios asociados con los dichos medios inversores para hacer inefectivos los citados medios reductores del campo durante la puesta en marcha del motor y, a partir de aquí, efectivos a diferentes gradaciones, determinables por el engarce de los dichos medios inversores…
Dejando aparte el hecho de que sabemos que el proyecto se relaciona con el control de un motor eléctrico, apenas si encontramos aquí ninguna referencia a objetos o fenómenos específicos y concretos. Las referencias tienen que ver más bien con los «medios inversores» y los «medios reductores del campo», cuya finalidad última queda aclarada en un párrafo que precede a la demanda de la patente:
“Las ventajas del tipo especial de motor ilustrado y el control del mismo serán perfectamente comprendidas por los expertos en la materia. Entre las mencionadas ventajas, puede citarse la aportación de un impulsor rotatorio de puesta en marcha y la posesión de rápidas inversiones de motor.»

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
