
La duda más interesante y sutil se refiere a si la simulación puede sernos de alguna ayuda cuando, inicialmente, no sabemos demasiado acerca de las leyes naturales que gobiernan el comportamiento del sistema interior. Permítaseme demostrar por qué esta duda puede también resolverse en sentido afirmativo. Primero voy a hacer un comentario preliminar que simplifica la cuestión: raras veces estamos interesados en explicar o predecir fenómenos en todos sus detalles: en general, lo único que nos importa son unas cuantas propiedades extraídas de su compleja realidad. Así, por ejemplo, un satélite lanzado por el hombre es sin duda un objeto artificial, si bien no solemos pensar en él como en algo que «simula» a la luna o a un planeta. De hecho, no hace sino obedecer aquellas mismas leyes de física que se relacionan únicamente con la masa de su inercia y gravitación, haciendo abstracción de la mayor parte de sus demás propiedades. Es una luna. De modo similar, la energía eléctrica que entra en mi casa, procedente de la estación generadora atómica de Shippingport, no «simula» la energía que generaría una central de carbón o un molino de viento. Las ecuaciones de Maxwell apoyan a ambas.
Cuanto más dispuestos estamos a hacer abstracción de los detalles de un conjunto de fenómenos, tanto más fácil resulta simular dichos fenómenos. Además, no tenemos por qué conocer, o adivinar, toda la estructura interna del sistema, sino únicamente aquella parte del mismo, básica para la abstracción.
Es de agradecer que sea así porque, de ser de otro modo, la estrategia que elaboró las ciencias naturales durante los últimos tres siglos hubiera resultado impracticable. Sabíamos ya gran número de cosas acerca del comportamiento en general, físico y químico, de la materia antes de poseer unos conocimientos en relación con las moléculas, sabíamos muchas cosas acerca de la química molecular antes de contar con una teoría atómica y conocíamos un gran conjunto de cosas en relación con los átomos antes de tener una teoría de las partículas elementales… suponiendo que la tengamos en realidad.
Esta gigantesca edificación de la ciencia, desde el tejado hasta los cimientos, aún por construir, fue posible porque el comportamiento del sistema a cada uno de sus niveles dependía solamente de una muy aproximada, simplificada y abstracta caracterización del sistema que estaba en el nivel inmediatamente por debajo. Es una suerte, porque de otro modo la seguridad de puentes y aviones dependería acaso de lo acertado.
Los sistemas artificiales y los sistemas adaptable captables de simulación a través de unos modelos sim sección anterior de este capítulo, explica los motivos. La similitud en el comportamiento de sistemas sin identidad con los sistemas internos resulta particularmente factible si los aspectos en que estamos interesados se desprenden de la organización de las partes, independientemente de casi todas las propiedades de los componentes individuales. Así, para muchos aspectos, podemos estar interesados únicamente en determinadas características de un material, como su tirantez y su fuerza de comprensión. Podemos mostrarnos totalmente indiferentes en relación con sus propiedades químicas o incluso frente al hecho de tratarse de madera o de hierro.
La patente del control de un motor que citábamos anteriormente es un ejemplo de esta abstracción frente a las propiedades organizadoras. Aquel ingenio se componía de una «combinación» de «medios inversores”, de a medios reductores del campo», lo que equivale a decir: de componentes especificados de acuerdo con su funcionamiento dentro del todo organizado. ¿Cuántas formas existen de invertir un motor o de reducir la amplitud de su campo? Podemos simular bajo muchas formas el sistema descrito en la demanda de la patente sin reproducir ni siquiera aproximadamente el aparato físico auténtico que se describe. Añadiéndole algo más de abstracción, la demanda de la patente hubiera podido abarcar tanto el aspecto eléctrico como el mecánico. Me parece que cualquier estudiante de ingeniería de la Carnegie Mellon University o del M.I.T. sería capaz de diseñar un sistema mecánico que abarcase la reversibilidad y el impulso rotatorio de la variabilidad para simular el sistema que describe la patente.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
