La psicología como ciencia de lo artificial

La resolución de un problema suele describirse como una búsqueda a través de un laberinto de posibilidades, laberinto que describe el medio. La acertada resolución del problema supone rebuscar selectivamente en el laberinto y reducirlo a unas proporciones manejables. Tomemos, a modo de ejemplo específico, un rompecabezas del género conocido bajo el nombre de problemas criptaritméticos:

DONALD + GERALD = ROBERT                   D = 5

La tarea consiste en sustituir las letras que se dan por numerales, del cero al nueve, de forma que todos los ejemplos de la misma letra sean sustituidos por el mismo numeral, letras diferentes sean sustituidas por diferentes numerales y el resultado numérico constituya un problema aritmético correctamente elaborado. Como dato adicional en este problema específico, la letra D debe ser sustituida por el numeral 5.

Una forma de enfocar la labor consiste en considerar todos los 10, diez factoriales, formas en que diez numerales pueden ser asignados a diez letras. ¡El número 10!, no es tan grande como para provocar el pánico en el corazón de una computadora moderna; excede en muy poco a los 3 millones (3.628.800, para ser exactos). Un programa destinado a generar todas las asignaciones posibles en forma sistemática y que necesitase una décima de segundo para generar y comprobar cada una de ellas, exigiría como máximo unas diez horas para realizar el trabajo. (Con el dato D=5, no se precisaría más de una hora.) No he escrito el programa, pero imagino que una décima despegue supera en mucho el tiempo que necesitaría para examinar cada una de las posibilidades. No hay pruebas de que un ser humano fuera de hacer cosa parecida. Necesitaría generar y probar cada asignación y le costaría mucho para un minuto había probado ya. Podría utilizar papel y lápiz, última instancia, como eficaz ayuda, pero esto todavía en haría su trabajo más lento. La tarea, llevada a cabo de esta forma, exigiría años de trabajo a varios hombres que trabajasen cuarenta horas por semana.

Téngase presente que, al excluir la búsqueda exhaustiva y sistemática como un camino posible para que un ser humano pudiera resolver el problema, no hacemos sino un cálculo aproximado de las facultades humanas. Damos por sentado que las operaciones aritméticas de tipo sencillo exigen períodos de tiempo del orden de los segundos, que las operaciones se efectúan esencialmente en serie, más que en paralelo, y que no se dispone de grandes dosis de memoria, donde acumular nueva información con una rapidez de fracciones de segundo. Estas suposiciones dicen algo, pero no mucho, acerca de las fisiologías del sistema nervioso central humano. Una modificación del cerebro que consistiese, por ejemplo, en incorporarle un nuevo subsistema dotado de to-das las propiedades de una máquina de calcular de oficina sería una gran hazaña de la cirugía cerebral o una evolución. Pero incluso una alteración tan radical no variaría más que ligeramente las suposiciones pertinentes a fines de explicar o predecir el comportamiento frente a este problema.