
El comienzo de las computadoras personales ha sido historiado en numerosas ocasiones. Después de leer todas las versiones que pasaron por mis manos, sigo preguntándome cómo Microsoft logró convencer a IBM de la no exclusividad de sus licencias. La historia cuenta que IBM contrató el sistema operativo de Microsoft y sobre él hizo funcionar una serie de componentes de software desarrollados por terceras partes y por el propio IBM. Pero el contrato no pautaba la exclusividad. La electrónica ya estaba en pleno proceso de descentralización hacia lugares donde fabricar componentes es mucho más redituable que en EE.UU. o en Escocia. Los fabricantes de partes, los PC partistas, no tardaron en darse cuenta de que podían ofrecer algo similar a otras grandes marcas e incluso proveer un producto acabado que, aun con una calidad final dudosa, podía cautivar los usuarios por su precio ultra barato respecto del PVP de la PC1 de IBM. Si Microsoft no hubiese desparramado su sistema operativo por cuanta factoría de copias de PC IBM había en el mundo, hubiera quedado preso de las estrategias futuras de IBM. Su independencia le permitió convertirse en el proveedor indispensable de todos. Sin aplicaciones de bajo costo o de un costo asequible, cada vez menos costosas considerando la prestación de servicios que realizan, la masa crítica de unidades computadoras necesaria para un desarrollo irreversible del mundo PC nunca se hubiera alcanzado. Y para que el costo de las aplicaciones fuese bajo, los sistemas debían ser compatibles.
Compatibilidad significó un mercado más abierto donde IBM tuvo que competir con marcas blancas y clones provenientes de los cuatro puntos cardinales, lo que puso a los precios en una pendiente sin fin. Por ende, la competitividad del mercado estuvo promovida por la compatibilidad. Microsoft se convirtió en el primer productor mundial de software para PCs incorporando nuevas capas de tecnología usuaria como el Office y más tarde con tecnologías para trabajar en red y acceder a Internet. A veces, vale la pena no aceptar lo que parece el mejor ofrecimiento de nuestras vidas. IBM, 25 años después, prácticamente ha abandonado la carrera de las PCs y se concentra en los servicios corporativos globales y en la infraestructura informática. diferentes, el mercado de las aplicaciones informáticas no hubiese diferentes de modo de trabajar sobre los n sistemas operativos diferentes, lo que hubiera incrementado el costo significativamente y hubiera tenido como consecuencia una tasa de penetración mucho más lenta de las PCs en el mundo productivo y, tal vez, jamás hubiesen llegado a la tasa actual en el entorno privado, hogareño y de ocio. El mundo hubiese sido muy diferente. Con INTEL, el gran proveedor de procesadores, sucedió algo muy similar. INTEL desarrolló sus propios procesadores a pesar de las barreras que representaban y representan las licencias de IBM en ese campo. De los laboratorios de IBM han surgido numerosos inventos que han provocado saltos tecnológicos de gran envergadura. Sin embargo, es INTEL la empresa que provee, con un liderazgo más que afianzado, los procesadores de la amplia mayoría de las computadoras personales del mundo.
Durante el período en el que ocurrió la historia que acabo de recordar, entre1985 y 1990, la posición de IBM era de un liderazgo casi absoluto en el segmento y los clones apenas podían intentar seguirlo. Aquí y ahora, las cosas son bien diferentes. Aun con la posición líder de NOKIA, cuesta pensar que, en el mundo globalizado actual y la gran factoría china produciendo cada segundo un modelo nuevo de dispositivo móvil, los operadores y los demás fabricantes puedan adoptar un camino compartido similar al de los clones. El mercado es mucho más competitivo. La compatibilidad a nivel de hardware tampoco es suficiente. El intercambio de los componentes básicos entre dos dispositivos de marca diferente y de diferente operador que permitirían al usuario mantener el mismo número de línea, el contenido de sus archivos intactos y las mismas aplicaciones residentes, debería ser una prioridad. Pero no lo es. A la hora de proteger mercados y retener clientes, todo es válido. Hasta el pasaje indemne del número de teléfono entre dos operadores es una cuestión difícil, incluso muy difícil en algunos países y, en otros, simplemente imposible. Por ahora no existe la necesidad masiva de compatibilidad entre periféricos. Los pocos que existen pertenecen a nichos de cierta sofisticación, costos elevados y usuarios más desarrollados tecnológicamente.
Los sectores industriales involucrados en el desarrollo de la TM seguirán areciendo impulsados por el incremento del número de suscriptores. Sin embargo, se aproxima el momento en que el ARPU (Auerage Revenue Per User), la métrica más usada para informar acer.ca del ingreso promedio por usuario que deja el sistema, comience a mostrar algo más que signos de fatiga. Influido por la mayor competitividad del sector, la modalidad de uso del usuario 2,5G (menos oralidad, más mensajes de texto gratuitos) y el desplazamiento de la centralidad hacia servicios de mayor valor agregado propios de la 3G y 4G, el ARPU de las operadoras sufrirá un deterioro.
El desafío de las industrias del sector consiste, centrados en las necesidades de los clientes, en orientarse a los servicios, a los contenidos y al marketing de forma que los usuarios consuman más bits inalámbricos. El objetivo prioritario es convertir los dispositivos de la nueva generación en un buen negocio lo antes posible. Para ello, es indispensable implementar criterios de usabilidad compartidos de forma que, cuando el usuario cambia de terminal de recepción, encuentre en la pantalla eI mismo servicio, configurado de manera personalizada tal cual lo disponía en el anterior artefacto y con las mismas aplicaciones que ya tenía instaladas. Esto no debe confundirse con una adhesión a pautas monopólicas ni a copiar modelos de negocios de otras industrias. Sólo debe entenderse como una necesidad de mayor colaboración para que el usuario adopte con más facilidad los nuevos servicios de cuya rentabilidad dependerá la industria. La más o menos rápida adopción de estos servicios dependerá obviamente del costo que deba pagar el usuario por su uso. Si las plataformas no se hacen mucho más compatibles con estándares compartidos, en un principio, las licencias de muchos servicios serán más caras de lo que podrían ser en un esquema más homologado. El costo de las aplicaciones también puede disminuir si la plataforma sobre la que debe correr responde a criterios de compatibilidad más compartidos.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
