
A los humanos, el lenguaje nos ha permitido la transmisión interpersonal de nuestras experiencias, posibilitando el aprendizaje como grupo social y aun como especie. Esta facultad se ha multiplicado, sin duda, por las sucesivas invenciones de medios para conservar y multiplicar la memoria de la información una vez adquirida; pero esto ya forma parte de las etapas avanzadas de la historia de la cultura. Así, el lenguaje desempeña un papel central y esencial en la estructuración de todo lo humano. Según los analistas contemporáneos de las organizaciones3, lo lingüístico es el dominio en el cual existen las organizaciones, ya que éstas se configuran exclusivamente a través de las interacciones “conversaciones” entre los seres humanos considerados sistémicamente como entidades autónomas. Junto con la capacidad lingüística, otras precondiciones biológicas de la Tecnología son: la marcha erecta, que permite liberar nuestras manos, y nuestro pulgar en oposición, que permite la prensión de objetos. Ello nos hace libres, no sólo para tomar objetos cosa que hacen muchos otros animales, sino para manipularlos, modificarlos y fabricarlos.
A pesar de estas características evolutivas, el ser humano estaría físicamente muy mal equipado para sobrevivir en un mundo hostil si no fuese, justamente, por la capacidad intelectual de usar en beneficio propio las fuerzas y los materiales que la naturaleza pone a su disposición. La Tecnología se presenta, entonces, como la principal razón por la cual el ser humano ha podido prosperar y tal vez sobrevivir como especie. De este modo, la cultura y la Tecnología, que es una parte muy importante de ella, pueden ser vistas como el “nido” que el hombre construye en la naturaleza para refugiarse en él. Existe una interpretación darwiniana de la artificialidad, o aun de la razón instrumental, como el rasgo cuya aparición en el transcurso de la evolución de las especies nos permitió alcanzar la preeminencia como especie que domina a todas las demás.5 Similar es la idea que expresa Sigmund Freud cuando dice que “el hombre es un dios con prótesis”
La complejidad de algunas de las acciones técnicas de los animales es comparable con la de muchas de las de la especie humana. Por supuesto que los casos de los insectos sociales son los más notables. Muchas especies de hormigas construyen complejas estructuras para su vivienda en las que transcurre la mayor parte de sus vidas y de las que salen solamente para procurarse alimento. Incluso llegan a esclavizar a otras especies, los pulgones, a los que “ordeñan” en procura de jugos nutritivos. Las hormigas son capaces de coordinar su acción individual a través de comunicaciones químicas que consisten en el intercambio de ciertas moléculas, en una manera comparable a aquélla en la que se comunican entre sí las neuronas. Las abejas poseen un lenguaje postural dinámico, de considerable complejidad, para transmitir información objetiva acerca de la ubicación de fuentes de néctar y polen. La construcción de estructuras complejas, como los nidos de ciertas especies de termitas, se efectúa gracias a mecanismos en los que insectos individuales, que llevan barro destinado a la construcción, hacen un depósito de feromonas en ciertos lugares de la estructura en crecimiento. A veces, estos depósitos se acumulan por azar en un punto dado y sirven como extractores para que nuevas termitas dejen allí sus cargas de barro. Esto establece direcciones preferenciales para ef “erecimientg” del nido. ‘Más allá de los casos citados, hay otras especies que llevan a cabo estructuras con finalidades claramente definidas. La mayoría de las arañas tejen eficaces trampas en las que cazan sus presas. Los castores construyen diques de gran tamaño, para lo que combinan diferentes materiales, como árboles que ellos mismos derriban, ramas sueltas y barro. Hay aves que utilizan piedras para quebrar un huevo de avestruz. Muchas especies de pájaros construyen nidos de estructuras complicadas, utilizando variados materiales (un ejemplo notable de es.to es el hornero de nuestras pampas, pero hay muchos más).
Las aves, por otra parte, también presentan notables ejemplos de organización: se reúnen por millares en formaciones de gran perfección para realizar asombrosas migraciones que abarcan miles de kilómetros recorridos con gran persistencia, año tras año, hasta los lugares de llegada. En esas enormes formaciones se organizan en forma de cuñas en las que todos siguen a un líder, aunque sólo lo hagan manteniendo la punta del ala de su antecesor en el ángulo de visión adecuado para no perderlo.; Son estas acciones el fruto de una reflexión finalista? ¿O, dicho de otro modo, el animal se propone algo?, tiene una imagen mental de lo que quiere lograr? Esto constituye un problema filosófico arduo, afín a la pregunta acerca de la naturaleza de la conciencia y del pensamiento, y que recuerda las reflexiones de Turing acerca de si las computadoras piensan. Además, los animales son muy diferentes entre sí y se ría absurdo juntar a los chimpancés con las hormigas en una pregunta acerca de su intelecto o su volición. Todo lo que sabemos acerca del funcionamiento de los sistemas nerviosos hace pensar que es imposible que un animal tan pequeño como una hormiga pueda poseer una propiedad emergente como la conciencia; y más problemático aun es que unos conjuntos de miles de tales seres sean comparables a una sociedad humana. Seguramente, entonces, no exista tal reflexión en las hormigas; tal vez, sólo hay comportamientos automáticos muy complejos, programados genéticamente con un asombroso grado de eficiencia y también notablemente rígidos, como todas las conductas condicionadas filogenéticamente y gobernados por un pequeño sistema nervioso, formado por unas pocas neuronas, a las que ayuda un sistema de feromonas que transmiten químicamente las señales apropiadas.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
