El medio ambiente como molde

Globo terráqueo desinflado sobre el suelo junto a un árbol

Examinemos un poco más de cerca el aspecto funcional u objetivo de las cosas artificiales. El alcance de un fin o la adaptación a un objetivo supone una relación entre tres factores: el propósito o finalidad, el carácter del artificio y el medio en el que dicho artificio deba actuar. Cuando pensamos, por ejemplo, en un reloj en cuanto al propósito que cubre, podemos servirnos de la definición infantil: «el reloj sirve para decir qué hora es». Si centramos nuestra atención en el reloj, podemos describirlo atendiendo a la disposición de sus engranajes, a la aplicación de las fuerzas de los muelles o a la gravedad que actúa sobre un peso o un péndulo.

Pero podemos también considerar los relojes en relación con el ambiente en que deben utilizarse. Los relojes de sol funcionan como relojes en aquellos países donde hay sol, son más útiles en Phoenix que en Boston y de ninguna utilidad durante el invierno ártico. Idear un reloj capaz de medir el tiempo en un barco moviéndose a merced del oleaje y con la precisión necesaria para determinar la longitud constituyó una de las grandes hazañas de la ciencia y de la técnica del siglo XVIII. Para funcionar en un ambiente tan adverso, el reloj debe reunir muchas propiedades sutiles, algunas de ellas totalmente ajenas al funcionamiento de un reloj corriente.

La ciencia natural incide en un artificio a través de dos de los tres factores de la relación que lo caracteriza: la estructura del artificio propiamente dicho y el medio en que actúa. Que un reloj mida realmente el tiempo depende de su construcción interior y del lugar en donde esté situado. Que un cuchillo corte depende del material de que esté hecha su hoja y de la dureza de la sustancia a la que se aplique.

El artificio como contacto

Podemos enfocar la cuestión de forma simétrica. Las ciencias de lo artificial a contacto, en términos actuales de un medio anterior, sustancia y organización del artificio propia donde actúa. Cuando el medio interior está adecuado a la que se le destina. Así, pues, si el reloj es inmune al cabeceo, podrá servir como cronómetro en un barco. (Y a la inversa, si no lo es, podremos salvarlo colocándolo en la repisa de la chimenea de nuestra casa.) Obsérvese que esta forma de ver los artificios es también válida para muchas cosas no hechas por el hombre; de hecho, para todas aquellas cosas que pueden considerarse «adaptadas» a una situación y, de modo particular, a aquellos sistemas vivos que han evolucionado a través de las fuerzas de la evolución orgánica. Hay una teoría del avión que se aproxima a la ciencia natural para una explicación de su medio interno (la instalación eléctrica, por ejemplo), de su medio externo (el tipo de atmósfera a diferentes alturas) y la relación existente entre sus medios interno y externo (el movimiento de una capa de aire a través de un gas). 

No obstante, una teoría del pájaro podría dividirse exactamente de la misma forma. Dado un avión, o dado un pájaro, podemos analizarlos con los métodos de la ciencia natural sin tener para nada en cuenta su propósito o adaptación, sin referencia ninguna al contacto entre lo que he llamado los medios interno y externo. Después de todo, su comportamiento está tan regido por la ley natural como el comportamiento de otra cosa cualquiera.