Los mensajes 

La mensajería de texto o SMS es la siguiente gran aplicación de todos los celulares y la gran sorpresa respecto a las previsiones iniciales de la industria, ya que su demanda real era del todo desconocida. Los mensajes cortos de texto en realidad son un servicio básico del paquete de datos que los celulares pueden transmitir, pero la apropiación de éstos entre los segmentos más jóvenes de los usuarios inauguró toda una nueva forma de comunicación instantánea, priva-da y directa, constituyéndose como una especie de código compartido. Los nativos digitales forman parte de una “tribu del pulgar”35universal para los cuales los SMS son una forma no sólo cotidiana sino preferente de comunicación, en ocasiones más directa y efectiva que la propia conversación (Rheingold, 2004). La idea es aprovechar esa cultura textual de los nativos digitales para mejorar su nivel de competencia escrita. Esta nueva generación de jóvenes/adultos criada con el celular en la mano y que pue-den escribir decenas de SMS diarios, paradójicamente lee cada vez menos libros y publicaciones periódicas. Lo que no quiere decir que lean y escriban menos, sino que lo hacen de otro modo. Un SMS puede contener hasta 160 caracteres, de modo que, si cada usuario del celular mandara un mínimo de 10 mensajes al día, estaría escribiendo 1600 caracteres diarios (!), la misma cantidad que tiene esta hoja que estamos leyendo. Cualquier persona que haya dado clases se dará cuenta de la dificultad que supone que un joven escriba una hoja al día sobre cualquier tema, por tanto, estamos hablando de una enorme potencialidad que hay que revertir en beneficio del propio alumno. 

Los SMS son el nuevo bolígrafo de los nativos digitales del pulgar y más que penalizar su uso hay que incentivarlo, enseñando a integrar cada vez más términos en ese nuevo macrolenguaje textual. En consecuencia, el reto para los educadores consiste en transmitir la idea de que la brevedad y la efectividad de los mensajes de texto no están reñidas con la variedad de términos que se utilizan. Sin olvidar que ya hay numerosos servicios en Internet que permiten combinar las potencialidades del web con los SMS de los celulares. Estas aplicaciones son como una pizarra de comentarios electrónicos que incentivan la competencia lectora y de escritura de los alumnos en torno a un tema sugerido por un profesor. La posibilidad de que los SMS no se pierdan sólo en el uno a uno, sino que se compartan con el grupo de alumnos y profesores, permite además contemplar cómo escriben (y qué piensan) los otros. El único límite a la utilización de los SMS en el aula es la imaginación y la voluntad de los profesores, como lo demuestra el hecho de la proliferación de micro relatos para celulares como un nuevo género literario, no sólo para los nativos digitales. Los MMS o mensajes multimedia son la última incorporación de los celulares en las aplicaciones de envío y recepción de datos. La diferencia básica con los SMS es que éstos son fundamentalmente texto y los MMS permiten además incluir imágenes, pequeñas animaciones e incluso audio.

Los MMS dejan elegir qué lenguaje se va a utilizar para expresar un concepto determinado, abriendo un abanico de posibilidades para estimular la imaginación y la capacidad del emisor. Aunque los MMS son relativamente veteranos en algunos mercados donde hay redes 3G, su uso popular todavía no está consolidado, sobre todo por la política de precios de las operadoras que han preferido ingresar mucho de pocos que poco de muchos con este servicio, con la consiguiente ralentización en su uso.  En este ámbito de la formación que ahora nos ocupa, los MMS nos permiten incluir gráficos matemáticos, imágenes de arte y pequeñas animaciones aplicables, por ejemplo, a la biología, y todo ello sin olvidar las anteriormente citadas aplicaciones de texto y audio. Con los MMS los directorios de alumnos y profesores denominados Facebook en las escuelas anglosajonas no tienen más sentido en papel. La posibilidad real de consultar por el celular quién es quién en cada clase (o centro educativo) es de una enorme riqueza para el alumno y para los profesores, que podrán elaborar así sus fichas personales de cada alumno. La interactividad que abre la posibilidad de comunicar con cualquier alumno, incentiva que éstos se unan por afinidades con independencia de que compartan la misma aula o no. Por lo tanto, los MMS redundan en la vertebración sociocultural de los alumnos permitiendo, por ejemplo, que los más emprendedores se conozcan o se encuentren, algo que como hemos podido comprobar estos años es enormemente positivo para los centros. Por otra parte, la integración, ya casi generalizada, de cámaras en los celulares convierte además a los alumnos en creadores de sus propias imágenes que pueden ser aprovechadas para una mayor divulgación en el campo del arte, la arquitectura, la historia, la geografía, etc.

Estos dispositivos de captación de imagen deben ser aprovechados para incentivar la curiosidad de los alumnos en torno a un detalle de su vida diaria, una faceta de un fenómeno o simplemente un gusto estético que quieran compartir. Creo sinceramente que en muchas ocasiones muchas personas en edad de formación pierden ilusión sobre una afición creativa porque no encuentran a nadie que la valore o siquiera la comparta. Esta curiosidad registrada en píxeles sin duda tiene un enorme potencial para alumnos de titulaciones como la Comunicación, pero su uso es igualmente útil a todas las Ciencias (Sociales). Nuevamente el reto es revertir esa imagen social de que las cámaras en el celular sólo sirven para registrar el happy slapping, reduciendo esta aplicación al nicho de lo morboso o directamente de lo delictivo. Sin olvidar que todo el flujo de información diaria de los centros de formación puede y debe ser canalizado al celular con cualquier formato que permita una comunicación más efectiva (audio, video, texto). De la misma manera que a diario recibimos MMS comerciales, en ocasiones desconcertantes y poco útiles en términos informativos, podemos enviar información relevante a cada grupo de estudiantes. La era del cartel informativo a la entrada del centro ha quedado superada, ya que el acceso a la información no debe estar supeditada a que se pase o no por un lugar, sino al interés del alumno.