
La ciencia natural es conocimiento de los objetos y fenómenos naturales. Nos preguntamos si no podría existir también una ciencia 《artificial》: conocimiento de los objetos y fenómenos artificiales. Por desgracia, el término «artificial, tiene un matiz peyorativo del que debemos prescindir antes de seguir adelante.
Como sinónimos de la palabra “artificial” se propone: afectado, ficticio, simulado, espurio, engañoso, no natural. Como antónimos, enumera: verdadero, genuino, honrado, natural, real, verdadero, no afectado. Hasta nuestro mismo lenguaje parece reflejar la profunda desconfianza que nos inspiran nuestros propios productos. No trataré de afirmar la validez de tal evaluación ni tampoco explorar sus posibles raíces psicológicas. No obstante, habrá que entenderse el sentido en que empleo el término «artificial, como el más neutro posible: para indicar algo hecho por el hombre, opuesto a natural.
Una gema, por ejemplo, que fuese un vidrio teñido de un color semejante al del zafiro, se llamaría artificial, mientras que una gema hecha por el hombre y que, químicamente, no pudiese distinguirse del zafiro se diría que es sintética. Suele hacerse una distinción similar entre goma «artificial» y «sintética». Así pues, algunas cosas artificiales son imitaciones de cosas existentes en la naturaleza, y la imitación puede servirse tan pronto de los mismos materiales básicos que posee el objeto natural como de materiales completamente diferentes.
Así que introducimos la «síntesis» y el «artificio», penetramos en el reino de la ingeniería. Porque «sintético» se suele utilizar en el sentido más amplio de «diseñado» o «compuesto». Hablamos de ingeniería como de algo que se ocupa de la «síntesis» en tanto que ciencia se ocupa del «análisis». Los objetos sintéticos o artificiales y, más específicamente, los objetos artificiales previstos, con unas propiedades determinadas, constituyen el objeto básico de las actividades y habilidades de la ingeniería. El ingeniero se ocupa de cómo debieran ser las cosas. Es decir, de cómo debieran ser para conseguir unos fines y funcionar. De ahí que una ciencia de lo artificial sea tan afín a una ciencia de la ingeniería, si bien al mismo tiempo tan diferente como severa en el tercer capítulo de lo que se entiende normalmente con el nombre de «ciencia de la ingeniería». Con los «fines» y con el «cómo debe ser algo» presentamos en escena la dicotomía entre normativo y descriptivo. La ciencia natural ha encontrado un camino para excluir lo normativo y ocuparse únicamente de cómo son las cosas.
¿Podemos o debemos mantener esta exclusión al pasar de fenómenos naturales a artificiales, del análisis a la síntesis?
Ahora bien, hemos identificado cuatro indicios que distinguen lo artificial de lo natural; de ahí que podamos fijar los límites de las ciencias de lo artificial:
1. Las cosas artificiales están sintetizadas por el hombre (aunque no siempre ni normalmente con plena premeditación).
2. Las cosas artificiales pueden imitar la apariencia de las naturales y carecer, a un tiempo, de la realidad de las últimas, ya sea en un aspecto o en muchos.
3. Las cosas artificiales pueden caracterizarse según sus funciones, objetivos y adaptación.
4. Las cosas artificiales suelen considerarse, especialmente al ser diseñadas, como imperativas y como descriptivas.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
