
La Convergencia tecnológica implica, por tanto, un proceso más complejo en su fase de gestación, la de los operadores de redes que deben apostar por la integración más que por la interoperabilidad en un nuevo mercado global. Por eso se deben por tanto dejar atrás estrategias corporativas que primen estándares incompatibles que segmenten artificialmente el mercado y que al final terminan repercutiendo en el usuario los costes derivados de esas economías de escala limitadas. Por su parte, y no menos importante, los fabricantes deben responder a la demanda del mercado integrando todos los sistemas de comunicación posibles en un único terminal, lo que permitirá que sean los usuarios quienes decidan qué red utilizan en cada momento y lugar, optimizando de esta manera sus recursos tecnológicos, pero también económicos. La demanda del mercado además apunta claramente hacia una mayor personalización de los terminales telefónicos, ya que el tipo de servicio que cada segmento de usuarios reclama varía enormemente. Así, coexistirán en el mercado terminales cuya función básica sea hablar, con otros especialmente diseñados para la visión de contenidos audiovisuales. El one fits all en esta industria, si es que alguna vez existió, está en fase terminal y en consecuencia la rentabilidad sólo puede venir de nuevas economías de escala planetarias y de nuevos terminales con un alto valor añadido dirigidos a usuarios exigentes que no necesariamente consideran el precio como una barrera de entrada. La necesidad o el deseo de convertir el celular en el mando a distancia de nuestra vida va materializándose progresivamente en parte por la mejora de las redes, pero también por el inexorable cumplimiento de la Ley de Moorel9, que permite integrar en los teléfonos procesadores cada vez más potentes y económicos. El futuro terminal móvil multifunción limitará la multiplicación de aparatos necesarios para comunicarse o realizar tareas básicas de trabajo o incluso de consumo en tiempos de espera y de ocio. Aunque en el diseño de éstos siempre primará una cierta jerarquía de servicios en función del perfil del usuario. La integración de funciones domóticas y de comercio electrónico en los nuevos terminales móviles inaugura nuevas sinergias entre fabricantes de móviles, operadores de red, retailers, constructoras, etc. que a la larga obligarán a una Convergencia de facto donde realmente interesa a los usuarios, en aplicaciones y servicios.
Por último, la existencia de una divisoria tecnológica entre aquellas regiones que poseen redes avanzadas y las que carecen de ellas, no tiene por qué significar necesariamente la ausencia de servicios en esos territorios. De hecho, y tal como hemos visto en este epígrafe, las redes avanzan hacia una integración permitiendo que los operadores puedan ofertar distintos servicios en función del tipo de infraestructura tecnológica que posean y los usuarios podrán transitar libremente entre ellas buscando los servicios más adecuados o a mejor coste. En consecuencia, no se puede hablar de segunda división tecnológica en las redes móviles, sino de territorios que han optado por determinadas opciones tecnológicas mediante las cuales puedan cubrir las demandas de los usuarios y permitir una evolución hacia sistemas mejorados al hilo de la demanda. El caso de Latinoamérica en la actualidad es un ejemplo de este principio expuesto, es decir, en esta región la ralentización en el despliegue de redes 3G puede propiciar a la aparición de redes Wimax, entendidas como una opción 4G frente las redes celulares 3G. Aunque la adopción del celular en América Latina es alta y en algunos países comienza incluso ya a mostrar síntomas de madurez (crecimientos lentos)20, la mayoría de las redes son 2G, sobre todo del sistema GSM, y el salto cualitativo a las redes celulares 3G apenas ha iniciado su despliegue.
Además, el particular perfil de la base de suscriptores a la telefonía celular en América Latina (abrumadoramente de prepago) y los hábitos de consumo, como el uso masivo de los SMS, aconsejan cautela a la hora de desarrollar redes 3G con un ancho de banda para el que realmente se desconoce siquiera si habrá masa crítica. Sin duda, en una región como América Latina el celular ha supuesto uno de los mayores hitos en la historia, ya que ha integrado a una gran masa de habitantes de zonas rurales donde la telefonía fija nunca llegó, sobre todo en aquellos países con una gran extensión geográfica y baja densidad de población. No obstante, a la hora de encarar la siguiente fase de desarrollo de las redes móviles, lo que incluye ofrecer servicios con anchos de banda superiores a los que utilizan las comunicaciones de voz, es cuando surgen numerosos interrogantes sobre la naturaleza de las redes a implementar y el modelo de negocio a aplicar. En las grandes áreas urbanas latinoamericanas, que coinciden además con las de mayor desarrollo económico, se puede articular una oferta de servicios en condiciones semejantes a las de los países más desarrollados, aunque asumiendo sus particularidades socioculturales. Sin embargo, en las extensas áreas rurales, una vez logrado que el celular literalmente esté en la mano de cada habitante, será necesario ofrecer servicios de utilidad social amparados en gran medida por el concepto de servicio público universal, implicando en su financiación a las instituciones nacionales y regionales y a los propios operadores mediante incentivos fiscales. En resumen, la evolución tecnológica de los sistemas de comunicación tiende a dibujar una trayectoria convergente hacia un mayor ancho de banda y hacia la movilidad de los receptores. En este sentido, la elección de una opción tecnológica está determinada por factores como el perfil socioeconómico de los usuarios, la densidad de población, el estado de implementación de las redes y, finalmente, el marco normativo de cada Estado.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
