Artificialidad

La reflexión, racional o mítica, acerca de nuestro estar en el mundo está implícita en casi todas las manifestaciones de la cultura humana. En la mayoría de estas reflexiones, sin embargo, la existencia de lo artificial es aceptada como un hecho elemental de nuestro ser como humanos y los filósofos han hecho muy pocas referencias a lo artificial. Han especulado acerca del ser, de la conciencia, de la esencia de las cosas, de la naturaleza última del hombre, pero casi nunca tuvieron en cuenta que una buena parte de esa naturaleza está en su carácter de Homo faber. su capacidad para crear artefactos, de modificar el mundo en su provecho. Lo artificial siempre actuó como un telón de fon-do, casi invisible por lo obvio de su existencia. Su producción ocurría, por decir así, detrás de la escena. Cuando los enciclopedistas del siglo XVIII quisieron que los técnicos de su época hablaran sobre sus actividades tuvieron grandes dificultades, ya que los artesanos de las especialidades más diversas estaban acostumbrados a actuar y lo ha-cían con eficacia e idoneidad, pero no estaban acostumbrados a reflexionar sobre sus acciones o sobre sus técnicas.

Lo artificial y la conciencia, aquello que parece diferenciar a los humanos de los animales, tuvieron un origen divino en todos los Mitos de los Orígenes y al comienzo eran privativos de los dioses. Los humanos cometieron un grave pecado al pretender entrar en competencia con ellos, al tomar conciencia tanto de su existencia como de temas tecnológicos. Prometeo roba a los dioses la técnica del manejo del fuego para entregarla a los humanos y es severamente castigado por ese acto de traición. Adán y Eva generan la cultura al comer el fruto prohibido del conocimiento de sí mismos y son prestamente expulsa-dos del Paraíso y condenados a emplear el conocimiento recién adquirido para su propia subsistencia.

Por lo tanto, el origen de lo artificial representa un misterio y un desafío. Sin embargo, este desafío no sólo no ha sido levantado por los filósofos hasta muy recientemente, sino que ha sido relativamente poco tratado por los filósofos profesionales. Y este hecho debería extrañarnos, porque, después de todo, la existencia de objetos artificiales es la huella característica, más importante y evidente del ser del hombre sobre la Tierra. Sin embargo, la reflexión sobre la artificialidad recién se profundiza ahora, cuando la Tecnología como fenómeno histórico irrumpe y se hace abrumadora para muchos.

En los comienzos míticos de la Tecnología, podemos poner la célebre frase de Goethe: “Al comienzo fue la Acción”. Pero la acción pura aún no es tecnológica: debe acompañarla la reflexión. Por lo tanto, desde un punto de vista ontológico, se puede decir que la Tecnología y la Ética nacen juntas en el momento en que el ser humano comienza a ser capaz de prever el resultado de sus acciones: cuando reflexiona sobre las consecuencias de sus actos y puede comenzar a distinguir si éstos serán nocivos o beneficiosos para sí mismo, para su comunidad o para el Otro. Cuando analiza un problema, inventa una solución y prevé las consecuencias de esa solución, inventa lo artificial: la acción y la reflexión sobre la acción. Cuando algún homínido temprano recogió una rama para usarla como garrote, resignificó el objeto natural que, de ser una cosa dada, pasó a ser una herramienta.

El nacimiento de la Tecnología.

Esta resignificación es esencial y será una base para la definición de lo que llamaremos el Objeto Tecnológico. La conjunción de un humano. La acción está en el centro mismo de la Tecnología, pero se ejerce sobre los objetos. De allí que no sea posible comprender la Tecnología si sólo se centra la atención en los objetos, como tampoco se puede analizar las acciones sin un conocimiento detallado de los objetos sobre los que éstas se ejercen. Una excepción sólo aparente es el acto creador (en el cual sólo existe una imagen mental del objeto a crear), pues ésta se basa en el conocimiento de otros objetos.

La única excepción real muy importante para los educadores-tal vez sea cuando el niño aprehende el mundo mediante la acción (algunos dirán que lo construye). El concepto moderno sobre el aprendizaje mediante la construcción del conocimiento a través del hacer social, en ningún área de la educación tiene tanta vigencia como en la educación tecnológica.

¿Si, de hecho, muchas especies anima-les ejecutan actividades técnicas relativamente elaboradas, podemos decir que se trata de acciones tecnológicas?; Es realmente lo técnico la distinción esencial entre la especie humana y todas las demás?

Los humanos somos seres biológicos, pero a la vez somos autores de los objetos que producimos y, como especie, preexistimos a ellos. La existencia de lo artificial se debe a que reunimos ciertas potencialidades que posibilitan la creación; la primera de las cuales es el lenguaje. Mucho se ha escrito sobre la naturaleza del lenguaje y su importancia, no sólo como herramienta de la comunicación, sino como condicionante del pensamiento o aun, según algunos, idéntico al pensamiento mismo. Gran parte de los Objetos Tecnológicos tienen su dominio de existencia” en este ámbito, ya que la condición previa para una evolución predictiva es la toma de conciencia a través de la simbolización y, casi siempre, mediante el lenguaje. Es necesario y oportuno destacar aquí una vez más este hecho fundacional de lo humano. Así como el humano es un ser esencialmente social, y hay otras especies que también lo son, y así como hay numerosas especies que poseen lenguajes de notable complejidad, acerca de los cuales aún sabemos muy poco; sin embargo, no parece haber ninguna otra especie que disponga de un lenguaje de la variedad y complejidad de cualquiera de los nuestros. Aún se especula acerca de los cetáceos y se encuentra cierta capacidad de comprensión simbólica en los chimpancés y los gorilas-nuestros parientes más próximos, a algunos de los cuales podemos enseñar a comunicarse elementalmente con nosotros. Pero ellos no han creado espontáneamente esas formas de comunicación.