Del usuario 3G al 4G

Una evolución rápida hacia los servicios 3G, sensiblemente más sofisticados que los servicios conocidos y utilizados frecuentemente por los usuarios 2G o 2,5G, implica el riesgo de que los usuarios sientan que están confrontados a un problema tecnológico en lugar de estar disfrutando de nuevos servicios. Ya hemos vivido circunstancias similares con anterioridad y hemos visto cómo estas barreras tienen consecuencias muy graves en la curva de adopción de los nuevos ser los usuarios es el más importante factor de éxito de la transición, la facilidad de uso es un elemento central a tener en cuenta en cualquier estrategia de promoción. El usuario debe ser sólo capaz de operar un primer nivel expresamente desarrollado para “noveles” o “true beginners”. Aumentar las dificultades significaría considerar que el usuario es en promedio un “false beginner” y eso no será verdad para la amplia mayoría de los casos durante un largo período. El usuario debe sentir rápidamente que puede disfrutar de los beneficios del nuevo servicio sin confrontar con la tecnología. El desafío consiste en, bajo las rigurosas condiciones ergonómicas de un dispositivo móvil, ofrecer una experiencia que puede desarrollarse intuitivamente y que todos los servicios sean igualmente fáciles de usar independientemente de la situación o contexto en que son empleados. El incremento de la complejidad y de la diversidad de funciones es más rápido que la velocidad de asimilación de los usuarios. Esto representa un verdadero desafío para los operadores de redes y los proveedores de contenidos. Los Sistemas de Gestión de Dispositivos (DMS Device Management System) de los operadores son los encargados de asegurar al usuario promedio que sólo tiene que pensar en los contenidos y no en la tecnología. 

Estos sistemas tienen cuatro funcionalidades remotas básicas (Van Thanh, 2005): 

a) el diagnóstico automatizado y sistemático; 

b) la configuración; 

c) la actualización permanente del software y firmware instalados; d) la gestión dinámica de los datos del usuario.

Para los desarrolladores de contenidos también implica un nuevo desafío. Deben introducirse en el paradigma de una “personalidad on line dinámica” que ofrece al usuario la posibilidad de adaptar permanentemente su perfil (preferencias, condiciones de acceso y usos) de forma que se reconozca su comportamiento proactivo único manifestado de manera parecida y a la vez diferente según el entorno de fruición. Esta visión se sustenta en la idea de un avanzado concepto de personalización, de una teoría de contextos que promueve la adaptabilidad como el principal rasgo distintivo de la aplicación. Es lo que algunos investigadores llaman la traslación de una “movilidad personal” a la “personalidad móvil” (Wagner, 2005). En definitiva, cuando se trata de una misma aplicación ofrecida para una experiencia multisoporte, es decir, que el usuario puede comenzar en un dispositivo y continuar en otro, la inteligencia de la aplicación debe permitirle adaptarse al dispositivo y al contexto, contexto en el que el perfil del usuario es central y puede tener una caracterización diferente de la personalidad registrada y conocida por la aplicación cuando la utiliza en otro entorno. Este concepto se acompaña de una tendencia a mejorar la semantización de las descripciones de los servicios, de los usuarios y de los dispositivos.

El usuario sólo desea usar y disfrutar de los servicios con la menor complejidad posible, sin que el cambio de contexto o dispositivo signifique una nueva configuración o una experiencia sensiblemente diferente de la anterior. La idea consiste en considerar que el usuario vive en una red de área personal (PAN Personal Area Network) compuesta de todos los dispositivos que configuran su vida digital. Una o varias redes solapadas (privada, profesional) que funcionan como un verdadero gran dispositivo, un dispositivo virtual que tiene múltiples unidades de entrada y salida. Capaz de proveerle una interfaz metamediática, coherente en todos los contextos y condiciones de uso, le permite gestionar su relación con las aplicaciones como si estuviese dialogando con un solo dispositivo.

El concepto de “dispositivo virtual” (Virtual Device) considera al usuario dialogando no con un dispositivo a la vez sino con una combinación de múltiples dispositivos geoestacionarios, siempre accesibles a través de una interfaz única independientemente de donde se encuentre situado y de la distancia que lo separe de uno u otro dispositivo físico. Mejorar los servicios, acrecentar la oferta de contenidos ajustados a la ergonomía de los dispositivos y mejorar la performance y la integración de las redes son indispensables al crecimiento sostenido de la TM. Pero éstas son condiciones necesarias, pero no suficientes para el salto que propone la 4G, una especie de cuarta dimensión de la TM. Un futuro promisorio le espera ala TM siempre y cuando consiga acompañar el tectónico desplazamiento de nuestras sociedades hiperurbanas e hiperconectadas hacia la movilidad, un concepto que supera ampliamente el contenido tecnológico de la convergencia tal cual parece predominar entre los hacedores de opinión más relevantes de la TM.