
Vamos a establecer de forma positiva cuáles son, en nuestra opinión, tales límites y acotaciones, de acuerdo con lo que revela el comportamiento en problemas de este estilo. Al hacerlo, consideraremos tanto la evidencia experimental como la evidencia procedente de las simulaciones del comportamiento humano a cargo de una computadora. La evidencia se relaciona con variedad de tareas de carácter cognoscitivo, que van desde las relativamente complejas (criptaritméticos, ajedrez, pruebas de teoremas), pasando por las intermedias (formación de conceptos) hasta las más sencillas, favoritas de los laboratorios de psicología (repeticiones verbales, memorización a corto plazo). Es de importancia que en esta gran variedad de funciones no se revela sino un número reducido de limitaciones en la adaptabilidad del sistema interno… y son esencialmente los mismos limites en todas las tareas. Así pues, la afirmación lo que son tales limitaciones implica una única y coherente explicación de la función humana en todo el medio en que se desarrollan tareas de lo m heterogéneo.
Límites a la rapidez de formulación de conceptos
Se han venido realizando amplios estudios psicológicos de la formulación de conceptos dentro del siguiente paradigma general.4 Los estímulos están constituidos por una colección de tarjetas en las que aparecen dibujos geométricos muy simples que varían, entre tarjeta y tarjeta, según un cierto número de dimensiones: forma (cuadrado, triángulo, círculo), color, tamaño, situación de la figura en la tarjeta, etc. Un «concepto» queda extensivamente definido por un conjunto de tarjetas: las que representan muestras de aquel concepto. El concepto queda definido intensivamente por una propiedad que todas las muestras tienen en común, pero que no posee ninguna de las tarjetas restantes. Ejemplos de conceptos son «amarillo» o «cuadrado» (conceptos simples), «triángulo verde» o «grande, rojo» (conceptos conjuntivos), «pequeño o amarillo» (concepto disyuntivo), etc. En estas consideraciones me referiré a experimentos que se sirven de un estímulo dimensional, con dos valores posibles para cada dimensión y con una única dimensión apropiada (conceptos simples). En cada prueba se presenta al sujeto un ejemplo (positivo o negativo); él contesta. Positivos o a Negativos; y es género, la información sobre la actuación del sujeto se basa en el número de pruebas o en el número de respuestas erróneas hasta lograr una tanda sin errores. Algunos de estos experimentos, no todos, piden también al sujeto que manifieste periódicamente el concepto intensivo (de existir éste) del que se sirve como base para sus respuestas. Esta situación es tan sencilla que, al igual que en el problema criptaritméticos, podemos estimar a priori cuántas pruebas, por término medio, necesitará un sujeto para descubrir el concepto propuesto siempre que se sirva de la estrategia más apta para descubrirlo. En cada prueba, independientemente de la respuesta que dé el sujeto, se puede determinar por la aseveración del experimentador si el estímulo es o no realmente un ejemplo del concepto. Si lo es, se sabe que uno de los valores atribuidos del estímulo su color, tamaño o forma, por ejemplo, define el concepto. Si no lo es, se sabe que el complemento de uno de los valores atribuidos define el concepto. En cualquier caso, cada prueba desecha la mitad de los conceptos simples posibles y, en una sucesión desordenada de estímulos, cada nuevo estímulo elimina, por término medio, aproximadamente la mitad de los conceptos que no se desecharon previamente. De ahí que el número promedio de pruebas exigidas para dar con el concepto exacto varíe con el logaritmo del número de dimensiones del estímulo.
De dejar el tiempo suficiente para cada prueba (digamos un minuto, para ser generosos) y de permitir al sujeto que utilizase papel y lápiz, podría enseñarse a cualquier persona de inteligencia normal que siguiera esta eficaz estrategia, lo cual lograría sin grandes dificultades. Estos experimentos, en realidad, se realizan de forma que los sujetos no saben cuál es la estrategia eficaz, no disponen de papel ni lápiz y tienen muy poco tiempo corrientemente, cuatro segundos para reaccionar ante cada estímulo sucesivo. Utilizan muchas más pruebas para descubrir el concepto correcto que las que se calculan para la estrategia eficaz. Pese a que no se ha realizado el experimento, que yo sepa, puede afirmarse que, ni siquiera entrenado, a un sujeto que se le pidiese reaccionar en cuatro segundos, sin facilitarle papel ni lápiz, no le sería posible aplicar la estrategia eficaz.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
