
Esto me lleva a la crítica pregunta relacionada con la simulación: ¿Cómo puede la simulación informarnos de algo que no supiéramos ya? La respuesta corriente a la pregunta es que no puede. A propósito de ello, existe un importante paralelismo, del que pienso sacar partido en este momento, entre dos aserciones relacionadas con las computadoras y la simulación que se escuchan con frecuencia:
1. Una simulación no es mejor que los supuestos que entraña.
2. Una computadora no puede hacer más que lo que tiene programado hacer.
No pienso negar ninguna de las dos afirmaciones, porque las tengo a ambas por ciertas. Pero, a pesar de ambas afirmaciones, la simulación puede decirnos cosas que no sabemos.
Existen dos formas vinculadas en que la simulación es capaz de aportar un nuevo conocimiento: una, obvia; la otra, un tanto sutil. El detalle obvio es que, incluso cuando contamos con premisas correctas, puede resultar difícil descubrir lo que suponen. Todo razonamiento correcto consiste en un gran sistema de tautologías, pero sólo Dios es capaz de hacer un uso directo de aquel hecho. Al resto de nosotros no nos queda sino rastrillar laboriosa y faliblemente las consecuencias de nuestras afirmaciones. Así pues, cabría esperar que la simulación fuera una poderosa técnica capaz de deducir de nuestros conocimientos acerca de los mecanismos que gobiernan el comportamiento de los gases, una teoría sobre el tiempo atmosférico y un medio de predicción meteorológica.
De hecho, como consta a muchas personas, a lo largo de varios años se han venido realizando intentos para aplicar esta técnica. Enormemente simplificada, la idea es que ya conocemos las afirmaciones básicas correctas, las ecuaciones atmosféricas locales; sin embargo, necesitamos la computadora para elaborar las deducciones de las acciones cruzadas de un gran número de variables que arrancan de unas condiciones iniciales complicadas.
Esto no es sino una extrapolación a la escala de las computadoras modernas de la idea de que echamos mano al resolver, en álgebra, dos ecuaciones simultáneas. Este enfoque de la simulación tiene numerosas aplicaciones en el diseño propio de la ingeniería. Es característico de muchos tipos de problemas de diseño que el sistema interior consiste en componentes cuyas leyes fundamentales de comportamiento mecánicas, eléctricas o químicas son bien conocidas. La dificultad que entraña el problema del diseño suele estribar en predecir cómo se comportará un grupo de tales componentes.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
