
Se afanan en su diseño desde hace tiempo; pero hay un salto desconocido entre el perfil de la tecnología venidera y la forma como ésta puede influir y determinar la organización social, el trabajo y el conocimiento. Por consiguiente, hay un salto entre dos elementos: la tecnología (los aparatos, computadoras y robots, entre otros); los efectos sociales. Los especialistas están trabajando actual. Del segundo elemento sólo cabe aventurar conjeturas muy imprecisas. Del primero se pueden avanzar algunas características de los proyectos en curso.
Maquinas con inteligencia artificial
Se puede intentar prever cuáles van a ser los efectos de las invenciones que están a punto de llegar al mercado y qué novedades tecnológicas configurarán la sociedad del futuro. Ello no sólo es lícito, sino, además, muy interesante. El sistema de control puede funcionar mediante la programación directa del usuario o por control remoto. El propietario puede activar por teléfono su sistema doméstico de control o algunas de sus funciones. Un código secreto le asegura el acceso exclusivo. Estos sistemas también pueden informar telefónicamente al propietario ausente de las incidencias que se produzcan.
El automóvil deI futuro no sólo tendrá automatizados sus elementos mecánicos y funciones internas, sino que los microprocesadores controlarán elementos externos. Para ello dispondrá de radar y de un sistema informático que advertirá al conductor de la posibilidad o imposibilidad de realizar un adelantamiento y estará alerta para frenar automáticamente en situaciones de peligro inminente de choque. El ámbito del transporte resulta muy atractivo y da lugar a imaginativos proyectos. Las ventajas de algunas de estas aplicaciones van más allá de la mejora de las condiciones de intervención, ya que permiten mejoras como prescindir de anestesia general o el drástico acortamiento de la convalecencia. Estos aparatos son dirigidos y controlados por el médico; no actúan autónomamente, y su futuro inmediato resulta muy prometedor. La robótica puede servir para guiar rayos láser, reparar vasos sanguíneos, aplicar sustancias radiactivas en tumores o asistir en la intervención de ligamentos y cartílagos lesionados.
¿Puede pensar una maquina?
Los más brillantes científicos han intervenido en la polémica para intentar resolver la cuestión. Turing, Von Neumann o Lucas son algunos de estos nombres famosos. Posteriormente, a medida que los progresos de la investigación cambiaban el panorama tecnológico, también cambió la actitud y el problema teórico cobró interés. Con ello se descubrió que la hipótesis de una inteligencia mecánica, artificial o simulada, abría nuevos interrogantes. El más serio de estos interrogantes se refería a la verdadera realidad de la inteligencia humana. ¿Qué rasgos fundamentales distinguen a los seres humanos y cómo operan biológicamente los procesos cognitivos? Esta pregunta ha conducido a investigar una inadvertida laguna del saber humano. Con ello se ha visto que el ser humano, hasta el momento, se ha ocupado más de los resultados de su inteligencia que de los sutiles procesos y relaciones que la hacen posible. Estas relaciones y procesos atañen a la biología y a la lógica, las cuales en términos informáticos pueden equipararse a los ámbitos del hardware y del software.
¿Se puede producir artificialmente la inteligencia humana?
La palabra inteligencia procede del latín Inteligentica, que significa la capacidad de tender o comprender. Esta etimología es eco iluminadora porque, en realidad, su origen se remonta a otro término latino, legere, que significa «coger» o «escoger». De ahí que intelligere comunique el significado de reunir elementos, escoger entre ellos y formar ideas, comprender, conocer. De modo genérico, la actividad intelectiva agrupa, mediante un intrincado dispositivo neurológico, los procesos de la percepción, formación de impresiones, memorización, cotejo de imágenes, elección y gradación de éstas, comprensión y conocimiento. No es absurdo pensar que una máquina de extraordinaria perfección alcance a realizar estas tareas. Pero también puede opinarse que el objetivo de una máquina pensante se circunscribe a ámbitos más lógicos que creativos o emotivos. La breve exposición de sus respectivos argumentos, arroja luz acerca de sus enfrentadas posiciones y de los numerosos trabajos y experiencias realizados desde los años cincuenta. Tanto los que argumentan a favor como en contra, parten de unos presupuestos comunes que recogen los distintos ámbitos en que se fundamenta y manifiesta la inteligencia:
-percepción
-asociación
-memoria
-imaginación o creatividad
-razón
-conciencia
Sentadas estas capacidades, no menos abstractas que la cuestión que se intenta dilucidar, los argumentos contrarios a la inteligencia artificial se pueden resumir en los siguientes puntos:
· Las máquinas carecen de creatividad.
· Las máquinas no disponen de conciencia.
· Las máquinas no pueden alcanzar unos principios éticos con los que regir su conducta.
Frente a estos razonamientos negativos, los especialistas que creen en la posibilidad de la inteligencia artificial responden en los siguientes términos:
·Existe el aprendizaje de las máquinas y se sientan las bases de la creatividad.
· Los estadios de conciencia y ética no son absolutamente imprescindibles para la afirmación de la inteligencia y, posiblemente, puedan conquistarse.
En el siglo XVll, Descartes asentó la tesis de que lo único que no funciona mecánicamente en el universo es nuestra capacidad de pensar. El ilustre racionalista francés afirmó el mecanicismo de la materia y la creatividad del pensamiento. No obstante, en el presente siglo, la computadora digital ha demostrado que ello no es así. La computadora es capaz de operar simulando el funcionamiento del cerebro y de realizar con mucha mayor rapidez y precisión al menos algunas de sus actividades.

Belén Stettler, oriunda de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, cuenta con 35 años y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A lo largo de sus 13 años de trayectoria en comunicación política, ha trabajado como consultora en Buenos Aires, especializándose en estrategia, investigación y comunicación directa. Ha dirigido equipos de comunicación en diversas campañas. Su experiencia incluye roles importantes en la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de Buenos Aires, la Vicejefatura de Gobierno de Buenos Aires, Claves Creativas, Ford Argentina y AkzoNobel, iniciando su carrera en Grupo Suessa Organización Empresaria.
